CONFIGURACIÓN DEL OBJETO DE ESTUDIO DE LA FONOAUDIOLOGÍA

 

Elaborado por: Karol Julieth Duque, Samy Hernández M. y Daniela Vásquez C.

 

Este texto tiene como propósito identificar cómo se ha configurado el objeto de estudio de la Fonoaudiología, sus transformaciones y las implicaciones que pueden tener estas transformaciones en las formas de actuar de los profesionales.  A manera de introducción, consideramos adecuado mencionar la definición que proporciona el Congreso de la República de Colombia en la Ley 376 de 1997, en el artículo 1:

 

Para todos los efectos legales, se entiende por Fonoaudiología, la profesión autónoma e independiente de nivel superior universitario con carácter científico. Sus miembros se interesan por cultivar el intelecto, ejercer la academia y prestar los servicios relacionados con su objeto de estudio. Los procesos comunicativos del hombre, los desórdenes del lenguaje, el habla y la audición, las variaciones y las diferencias comunicativas, y el bienestar comunicativo del individuo, de los grupos humanos y de las poblaciones. (p.1)

 

Del mismo modo, para entender el objeto de estudio de la Fonoaudiología debemos entrar a conocer el concepto de  comunicación, definida  por el Comité Nacional Conjunto para las Necesidades Comunicativas de las Personas con Discapacidades Severas de Estados Unidos, citado por Cuervo (1998), como:

 

Cualquier acto por medio del cual una persona da o recibe de otra persona información sobre las necesidades, deseos, percepciones, conocimientos o estados emocionales de esa persona. La comunicación puede ser intencional o no intencional, puede involucrar señales convencionales o no convencionales, puede adoptar formas lingüísticas o no lingüísticas y puede ocurrir a través de modos hablados o de otra naturaleza. (p.22)

 

A partir de estas definiciones podemos afirmar que el principal objeto de estudio de la Fonoaudiología es la comunicación interpersonal y sus componentes, en todas las poblaciones sin importar su condición. Para conocer más acerca de los componentes del proceso comunicativo, retomamos a Clemencia Cuervo (1998), quien establece cuatro procesos fundamentales para la comunicación entre personas:

 

1) La cognición: se refiere a la capacidad para procesar e interpretar la información que recibe un individuo. La interacción compleja entre la cognición y el lenguaje fundamenta la habilidad para comunicarse. La cognición involucra procesos tales como la atención, la memoria, el razonamiento, la solución de problemas y las funciones ejecutivas.

 

Un aspecto importante para el profesional en Fonoaudiología es el daño en los procesos cognitivos, el cual implica dificultades, entre otras, para prestar atención a señales de diversas naturalezas, transformar, transmitir, filtrar y guardar información, decodificar conocimiento fonológico, semántico, sintáctico y pragmático y asignar significado a las señales que van sucediendo y que van impactando un sistema receptor. Es usual que ese tipo de alteraciones interfieran en el desempeño comunicativo, como es el caso de las limitaciones en la capacidad para retener información en la memoria de corto plazo que provoca que los estímulos se pierdan antes de entrar al sistema decodificador de la información lingüística. Mediante esta información se puede afirmar que a pesar de que los cuatro componentes (audición, cognición, lenguaje y habla) son importantes para el desarrollo de la comunicación, la cognición es el pilar en este proceso, ya que si la cognición está afectada es probable que los otros componentes no puedan funcionar de manera adecuada.

 

El rol que desempeña el fonoaudiólogo en esta área se basa en la habilitación y el  reforzamiento de estos procesos cognitivos, por medio de actividades de enumeración verbal de objetos; ejercicios con instrumentos ilustrativos como tarjetas con imágenes; solución de problemas; y con la lectura, ya que esta última permite un progreso significativo en la adquisición de memoria, el desarrollo de la inferencia, la anticipación y la imaginación.

 

Entre los problemas cognitivos, que con mayor frecuencia encuentra el fonoaudiólogo, podemos mencionar:

 

Síndrome de Down:el síndrome de Down es una de las causas genéticas más comunes de retraso mental o de desarrollo. Esto significa que es causado por un problema relacionado con los cromosomas, donde están situados los genes que hacen que cada persona sea única (Redondo, 2008). Las acciones del fonoaudiólogo en la población con síndrome de Down son indispensables; este trabajo consiste, en primera instancia, en la evaluación e identificación de los procesos alterados, luego, se centra en la intervención de la cognición a través del enriquecimiento del léxico y de las relaciones semánticas, la teoría de la mente, el lenguaje como medio de anticipación y planeación del comportamiento. También es probable que el fonoaudiólogo realice terapia miofuncional, deglutoria, auditiva y trabaje en la educación a la madre en cuanto a la manera adecuada de amamantar para evitar infecciones del oído medio, así como la estimulación temprana del lenguaje.

 

El autismo: es un desorden del neurodesarrollo, que afecta las capacidades de comunicación, planificación e imaginación del individuo; puede ser detectado antes de los tres años de edad y se convierte en un modelo para entender los desórdenes del desarrollo cognoscitivo y social que comprende un grupo de síndromes con sintomatología similar (Cortés, 2010). La intervención del fonoaudiólogo se centra en varios aspectos fundamentales, tales como: brindar atención a las familias, apoyar la adquisición de requisitos básicos para el lenguaje, diseñar y adaptar sistemas alternativos de comunicación; brindar apoyo a nivel fonológico, léxico-semántico, morfosintáctico y pragmático, y finalmente intervenir en la enseñanza de la lectura, la escritura y la atención escolar.

 

2) El lenguaje: se relaciona con la capacidad que tienen las personas para entender lo que oyen y expresar pensamientos, sentimientos e intenciones. Desde Fonoaudiología, se conceptualiza la noción de lenguaje como un sistema complejo y dinámico de símbolos convencionales que se utilizan en varias modalidades, al servicio del pensamiento y la comunicación. El lenguaje puede entenderse como el sistema abstracto, mientras que su uso como sistema de signos convencionales en un grupo social correspondería a la noción de lengua. El lenguaje articulado, compuesto por los niveles fonético, fonológico, morfológico, sintáctico, semántico y pragmático es el modelo predominante en nuestra sociedad. Sin embargo, el lenguaje aborda otros aspectos de la comunicación verbal y no verbal, por ello  existen diversos sistemas alternativos de comunicación. En el caso de las personas sordas el sistema de representación es el lenguaje signado, en nuestro país es específicamente la Lengua de Señas Colombiana, que implica la visión y la gestualización. En el caso de personas sordociegas se utiliza también el tacto. En otros casos, como en discapacidades múltiples o severas, es probable que se adapten otras formas de comunicación con un lenguaje icónico. El profesional de Fonoaudiología diseña a partir de una evaluación inicial del usuario un sistema de comunicación adecuado, que sea de fácil acceso y que aproveche y potencie las capacidades que presenta.

 

3) El habla: tiene que ver con la producción física del sonido que se escucha cuando alguien se expresa oralmente; en su generación intervienen los procesos de respiración, fonación, articulación, resonancia y los aspectos prosódicos. Es importante conocer que para la Fonoaudiología el habla corresponde a la manifestación física de una lengua que produce un individuo particular; cuando esta se desordena se oye defectuosa, desagradable, abrupta, llama negativamente la atención del oyente y puede llegar a ser ininteligible.  A la Fonoaudiología en este aspecto le interesan los procesos biológicos neuromotores responsables de la generación de un producto acústico. Como ya se mencionó, el habla corresponde a la producción o emisión del sonido; en esta área el fonoaudiólogo tiene amplios campos de intervención como en las dislalias, los problemas de fluidez como la disfemia, alteraciones en la voz  como disfonías y afonías, dicción, estética vocal, entre otros relacionados.

 

4) La audición: es un proceso fisiológico y psicológico que tiene que ver con la detección, el reconocimiento, la discriminación, la comprensión y la percepción de la información auditiva. Su funcionamiento  adecuado es indispensable para que el lenguaje y el habla puedan ocurrir. Cuando el niño nace sin audición, no aprende de forma natural a comunicarse a través del lenguaje hablado. Cuando un adulto pierde completamente esta facultad, su forma de hablar se va deteriorando de manera gradual y la comunicación con otras personas se hace difícil y frustrante. Existen diversas patologías que pueden afectar este proceso, dificultando la comunicación, entre ellas encontramos hipoacusias en todos sus niveles, las lesiones óticas, los traumatismos, etc. En este caso, el fonoaudiólogo se encarga de realizar la evaluación de la audición, también lleva a cabo acciones de prevención de riesgos auditivos por medio de educación, y rehabilitación cuando sea posible. Aunque ya se mencionó el tema de los sistemas alternos de comunicación, vale la pena recalcar que ante la ausencia de la audición se puede recurrir a la implementación de un nuevo sistema de comunicación. Si hay residuos de audición es posible usar dispositivos compensatorios como los audífonos o los implantes cocleares (trabajo interdisciplinar con otorrinolaringología), pero cuando no es posible apoyarse en la audición, en ese caso se recurre probablemente a otra lengua (lengua de señas) o a un sistema alternativo de comunicación.

 

Aunque las definiciones de comunicación evidenciadas al inicio del texto dan cuenta de una visión global e incluyente de la comunicación, en la clasificación de sus procesos los distintos autores se centran en las características de la comunicación propias del lenguaje articulado y no se contemplan otras formas de comunicación. Es decir, poco se han caracterizado los procesos que intervienen en la comunicación de las personas sordas usuarias de lengua de señas, o de personas que usan sistemas alternos iconográficos. Cuando existe una condición patológica se puede ver afectado cualquiera de los cuatro procesos de la comunicación que menciona Clemencia Cuervo (1998), pero es importante resaltar que la deficiencia no es el único elemento que caracteriza la discapacidad, pues también se debe tener en cuenta la interacción de estos elementos con los factores contextuales.

 

Hasta ahora hemos identificado el objeto de estudio de la Fonoaudiología: la comunicación humana, sus procesos y sus discapacidades. No obstante, este objeto de estudio no ha sido siempre el mismo, e incluso, las nociones de comunicación y discapacidad se han ido transformando con los cambios de paradigmas más globales y con el avance de la disciplina. Como menciona Clemencia Cuervo (1998), la Fonoaudiología nace del interés por trabajar con  las personas que presentan algunas clases de alteraciones que involucran los procesos de emisión y recepción en la comunicación. Hasta el momento, ha sido evidente el interés de la Fonoaudiología por los procesos de comunicación y por sus distintas alteraciones. Esta última noción “alteraciones” ha generado importantes debates al interior de la disciplina de Fonoaudiología y de otras disciplinas de rehabilitación. Por esta razón, es indispensable conocer cómo se han transformado las denominaciones, y los conceptos subyacentes a ellas, de los problemas que pueden presentarse en los procesos comunicativos.

 

El concepto y la historia de la discapacidad van ligados a la creación de las profesiones de rehabilitación humana, ya que si este no hubiese tomado un paradigma más consciente y humanista, la Fonoaudiología no existiría. Para entender más acerca de este fenómeno se abordará de forma muy general  la  manera como ha sido concebida la discapacidad desde épocas pasadas. La discapacidad durante largos años fue relacionada con concepciones mágico-religiosas, como productos de las acciones demoniacas o como castigos divinos. Por ello, las personas con discapacidad eran perseguidas o en muchas ocasiones abandonadas por la sociedad, lo que propiciaba la exclusión, la marginación y la discriminación constante.

 

Después de un largo tiempo, se dio un cambio de actitud frente a las personas con discapacidad, pues la sociedad comenzó a reconocer que tenia responsabilidad ante esta población, así fue que a partir del siglo XIX se inicia  sistemáticamente el estudio de las causas de la discapacidad (Gutiérrez, 1997); sin embargo, el pensamiento respecto a esta situación permanecía, y seguía considerándose producto de los pecados familiares. Por ello, las personas con discapacidad eran aisladas y continuaban siendo excluidas. Posteriormente, en el siglo XX, las personas con alguna variación eran etiquetadas como minusválidas, inválidas, impedidas, lisiadas, etc. Al inicio de la edad contemporánea, surge la Rehabilitación Profesional, donde hubo un auge del paradigma humanista, lo cual propició que las personas con discapacidad fueran consideradas parte de la sociedad y, por tanto, esta comenzó a trabajar en pro de su bienestar. De igual manera, empezó a consolidarse el paradigma biomédico que evidenciaba que las causas de la discapacidad no tenían un origen mágico.

 

La Fonoaudiología, en su interés por la comunicación y sus problemas, asumió en primera instancia la noción de desorden para hacer referencia a las alteraciones comunicativas; este término fue muy criticado debido a que su significado se relacionaba con desarreglo, anarquía o caos, es decir, era un término excluyente y discriminativo. En su remplazo la OMS (1980), citada por Cuervo (1998), optó por denominarlo deficiencia,  ya que es un término más incluyente y no solo se refiere a las alteraciones sino que también cubre pérdidas, como por ejemplo, la pérdida de un miembro.

 

Precisamente, en el año de 1980, la OMS (citada por Cuervo, 1998) publica la Clasificación Internacional de las Deficiencias, Discapacidades y Minusvalías (CIDDM) y en esta aparecen nuevos conceptos. El primero fue la deficiencia, entendida como “una anormalidad de las estructuras o de las funciones asociadas con éstas, en el componente orgánico. En este nivel se identifican las deficiencias en los procesos que intervienen en la comunicación humana: la cognición, el lenguaje, el habla y la audición” (Cuervo, 1998, p. 25). El segundo término es la discapacidad, la cual es entendida como la consecuencia funcional de la deficiencia. El último término es la minusvalía, definida como una respuesta -en esencia agresiva- de los grupos sociales, ante una desventaja o condición adversa en la vida de una persona.

 

Con los cambios sociales y el mayor énfasis en los derechos de las personas en situación de discapacidad, a partir del año 2002 entró en vigencia una nueva clasificación denominada “Clasificación Internacional del Funcionamiento, la Discapacidad y la Salud” (CIF); en esta, se cambia totalmente la forma de comprender los conceptos anteriores y aparecen las nociones de deficiencia, discapacidad (concepción más amplia) y factores contextuales, con el objetivo de brindar un lenguaje unificado y estandarizado y un marco conceptual de descripción de la salud y de sus estados. (OMS, 2001)

 

Esta clasificación define la deficiencia como los problemas en las funciones o estructuras corporales, tales como una desviación significativa o una “pérdida”. La discapacidad es considerada como la interacción entre un individuo con una condición de salud dada y los factores contextuales (ambientales y personales). Discapacidad es un término genérico que incluye deficiencias en las funciones y estructuras corporales, limitaciones en la actividad y restricciones en la participación.

 

Esta clasificación no retomó la noción de minusvalía y se preocupó por abordar los factores contextuales desde otra perspectiva, considerando que son  indispensables para crear un entorno saludable para el libre desarrollo de las personas en situación de discapacidad. Estos factores, según la CIF, representan el trasfondo total tanto de la vida de un individuo como de su estilo de vida. Dentro de los factores contextuales encontramos una subdivisión que contempla, factores ambientales: se refiere a los factores externos como el ambiente físico, social  y actitudinal en el que las personas se desarrollan; y factores personales: hacen referencia a las características personales del individuo como el sexo, la raza, creencias, etc.

 

Para concluir,  podemos afirmar que la concepción de las personas hacia la discapacidad ha cambiado favorablemente, permitiendo que la sociedad sea un poco más inclusiva; gracias a este progreso han surgido profesiones como la Fonoaudiología que se preocupan por el bienestar integral de las personas en situación de discapacidad y por la educación a nivel social para lograr en un futuro una sociedad totalmente inclusiva. A partir de la evolución que han tenido los términos relacionados con las discapacidades, la Fonoaudiología se ha centrado en estudiar la comunicación humana y sus discapacidades, para que el objeto de estudio sea más coherente con la evolución de dichos conceptos.

 

REFERENCIAS

 

Congreso de Colombia. Ley 376  de 1997. Profesiones de la salud, Profesión de Fonoaudiología. Recuperado de: http://www.encolombia.com/medicina/Ley376de1997.htm.

 

Cortés, M. El autismo: concepto, detección e intervención educativa. Revista digital Innovación y experiencias educativas. 2010. Recuperado de: http://www.csi-csif.es/andalucia/modules/mod_ense/revista/pdf/Numero_27/MARIA_CRISTINA_CORTES_ARIZA_01.pdf

 

Cuervo, C. La profesión de Fonoaudiología: Colombia en perspectiva internacional. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia,  1998.

 

Gutiérrez, I. Historia de la logopedia. Madrid: Narcea, 1997.

 

OMS. Clasificación Internacional del Funcionamiento, de la Discapacidad y de la Salud. Ginebra. 2001. Recuperado de:

http://www.aspace.org/aspacenet/images/doc/cif_2001.pdf

 

Redondo, M. El síndrome de Down en la escuela. Revista digital Innovación y experiencias educativas. 2008. Recuperado de: http://www.csi-csif.es/andalucia/modules/mod_ense/revista/pdf/Numero_13/M_ANGELES_REDONDO_1.pdf

 

Citar este documento como: Duque, K., Hernández, S. & Vásquez, D. Configuración del objeto de estudio de la Fonoaudiología. Documento de trabajo. Asignatura Fundamentos Fonoaudiológicos. Programa Académico de Fonoaudiología de la Universidad del Valle. Cali: periodo febrero - julio de 2012.

 

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