Siglo XX

HISTORIA DE LA FONOAUDIOLOGÍA EN EL SIGLO XX

 

Elaborado por: Iván Mauricio Cifuentes, Carolina Lasso y Jefferson López

 

Este texto describe y analiza los sucesos más significativos de la historia de la Fonoaudiología, pues retoma específicamente su nacimiento como disciplina y los cambios que tuvo respecto a la configuración de su objeto de estudio, formas de interpretar la discapacidad y métodos de intervención en el periodo transcurrido entre 1900 y 2000. De acuerdo con Duchan (2011), se pueden identificar  cuatro etapas de desarrollo de la Fonoaudiología en el siglo XX: nuestros años de formación, el periodo de procesamiento de la información, la era de la lingüística y la revolución pragmática.

 

NUESTROS AÑOS DE FORMACIÓN (1900-1945)

 

Se reconoce, a nivel mundial, que la Fonoaudiología (Terapia del Habla y del Lenguaje) nace oficialmente en 1925 en los Estados Unidos, cuando un grupo de profesionales se agremia y consolida la Asociación Americana de Habla –Lenguaje y Audición (ASHA, en inglés). Los primeros 45 años de la profesión estuvieron marcados por su separación de la medicina y por la definición de los primeros cánones de la práctica clínica.

 

De acuerdo con Duchan (2011), durante este periodo pueden caracterizarse tres enfoques que planteaban distintas formas de interpretar y trabajar sobre las deficiencias del habla y del lenguaje, estos enfoques eran: Biológico – Médico, Atomista – Periférico y Conceptual – Lingüístico.

 

El enfoque Biológico – Médico tenía como objetivo la eliminación de las causas de los desórdenes del habla y se recetaban algunos medicamentos como el arsénico o se prescribía descanso físico. En estos años, los estudios neuroanatómicos consolidaron las posturas fonoaudiológicas que consideraban los desórdenes comunicativos como consecuencia de trastornos en el cerebro, en sus componentes anatómicos, fisiológicos, bioquímicos, etc.

 

Respecto al enfoque Atomista – Periférico, se consideraba que el tratamiento no se centraba en las bases neuroanatómicas sino en los órganos encargados de la producción o de la comprensión del lenguaje. Aquí, a su vez, se destacan dos posturas: los tratamientos motores cinestésicos y los sensoriales. Los primeros estuvieron representados con autores como Samuel Potter, Edward Wheeler Scripture, Edward Lee Travis, entre otros. Estos autores se centraban en los aspectos motores del habla, tales la posición de los órganos fonoarticulatorios, sus movimientos y coordinación y en los tratamientos se inclinaban por ejercicios de colocación o guía de los órganos y ejercicios de repetición. El segundo, se centraba en los aspectos sensoriales o de recepción, por lo que se enseñaban los sonidos a través del entrenamiento auditivo (estímulo, discriminación y secuencia). En esta segunda postura encontramos a autores como Stinchfield, primera fonoaudióloga con doctorado, y Orton, quienes usaban técnicas que se mantienen en la actualidad en la intervención en conciencia fonológica: bombardeo auditivo, imitación del sonido, sonido y secuenciación de la palabra.

 

Finalmente, el enfoque Conceptual – Lingüístico se caracterizó por basar sus tratamientos en la enseñanza del significado semántico de las palabras y en la formación gramatical, por lo que se trascendió la noción de fonema. Entre estos autores se puede mencionar de nuevo a Stinchfield con obras posteriores en las que incluyó aspectos semánticos y gramaticales, así como McGinnis que se centraba en la enseñanza de palabras, frases cortas, uso de preposiciones, conjugaciones verbales y otros elementos gramaticales que se involucran en el lenguaje oral y en el escrito.

 

En este periodo, se destacan además otros autores como Margaret Blanton y Smiley Blanton, quienes orientaron algunas publicaciones hacia los interlocutores naturales de los niños, padres y maestros, recomendando algunas formas de usar el lenguaje para mejorar el proceso de los infantes, entre estos aspectos se incluyen las correcciones no explícitas y  no presionar al niño. También cabe destacar las obras de Van Riper, uno de los primeros autores en reconocer la importancia del contexto social en la intervención fonoaudiológica. Duchan (2011) plantea que, aunque los aportes de estos autores fueron muy novedosos, empezó a surgir uno de los problemas más importantes de la Fonoaudiologías: las brechas entre los planteamientos teóricos y las prácticas; se podría afirmar que estas distancias se siguen manteniendo en la actualidad.

Finalmente, respecto a los enfoques subyacentes a este periodo, podríamos considerar que varias de las tendencias se apoyaban en planteamientos del paradigma conductista (Hernández, 1998), debido a que los tratamientos aplicados a los pacientes estaban basados en un sistema de Estímulo - Respuesta, en donde se le presentaba un entrenamiento y/o modelo meta al sujeto, y por medio de ejercicios de repetición, corrección y reforzamiento, se buscaba a llegar a un determinado resultado, a una determinada conducta (la pronunciación correcta de una palabra).

De acuerdo con la planteado en el texto de Duchan (2011), se puede considerar que las prácticas llevadas a cabo en este periodo reflejaban la concepción de que la experiencia del sujeto proviene de la actividad del objeto, es decir, de un sujeto pasivo en interacción con un objeto activo; este planteamiento es visto desde el empirismo, fundamento epistemológico de los enfoques conductistas, el cual aplicado a los tratamientos implica que a partir de un estímulo se genera una respuesta y desde el entorno se proporciona un reforzador. Este paradigma es más cercano a al tratamiento atomista- periférico, pues el biológico – médico tenía tratamientos con fármacos y el conceptual – lingüístico puede relacionarse más con las primeras influencias del paradigma cognitivista (Hernández, 1998).


PERIODO DEL PROCESAMIENTO DE LA INFORMACIÓN (1945-1965)

 

Durante este periodo, las intervenciones fonoaudiológicas se volvieron más holísticas e integrales, en comparación con los métodos del periodo anterior, y se centraron en aspectos menos evidentes del habla y del lenguaje. Con el auge de procesamiento de la información y el movimiento cognitivista en la Psicología, muchos terapeutas del lenguaje comenzaron a trabajar con las palabras y a nivel de los procesos internos, tales como la formación de símbolos. El lenguaje interno se convirtió en el enfoque conceptual de las terapias. Otro objeto de interés fue el procesamiento de las modalidades visuales y auditivas. Los casos de afasia, productos de la segunda guerra mundial, dieron un gran impulso a este periodo, pues se describieron alteraciones que no tenían que ver con los órganos fonoarticuladores, sino con los procesos cognitivos implicados en la producción y en la comprensión del lenguaje y del habla.

 

Autores como Backys y Beasley retomaron los planteamientos teóricos de la Psicología de la Gestalt, a partir de autores como Rogers y Lewin, así como aspectos de la personalidad basados en autores como Horney y Stack Sullivan. Estos planteamientos ayudaron a establecer un giro en las terapias, pues las intervenciones se centraban mucho más en las características personales del paciente, en tener en cuenta su punto de vista, y en la relación interpersonal que lograba con el profesional. Estos supuestos llevaron a que la unidad mínima con la que se trabajaba ya no fuera el sonido de la palabra, sino el significado y el uso que este tiene en un ambiente y contexto determinado, dándole así un papel más activo al contexto.

 

A partir de estos elementos, se puede establecer un predominio del paradigma cognitivista, ya que para esta época las características abstractas, no observables, del lenguaje tomaron más importancia. Los intereses se centraron en cómo el lenguaje era representado mentalmente, cuáles eran sus procesos subyacentes y cómo se podía lograr una intervención en esos procesos. No obstante, algunas intervenciones se seguían guiando por los planteamientos conductistas.  


LA ERA DE LA LINGÜÍSTICA (1965-1975)

 

La era lingüística tuvo un impulso significativo con la aparición en contexto del lingüista Noam Chomsky, quien con su gramática generativa transformacional centró la atención en los aspectos sintácticos y en las reglas del uso del lenguaje. A partir de los planteamientos de la época, se empezó a concebir la lengua como un sistema estructura, con sus propias reglas y componentes: fonología, sintaxis y semántica. Los desórdenes en el lenguaje de los niños, como un sistema lingüístico, empezaron a ser analizados y tratados desde perspectivas psicológicas y lingüísticas.

 

La psicolingüística se enfatizó en la estructura semántica, mostrando que el niño podía utilizar oración para expresar diversos significados y que se debía atender a las nociones cognoscitivas y semánticas, centrándose en las relaciones de la palabra, tales como posesión, localización, acción, paciente, agente, acción, etc.  

Ya establecida la sintaxis en la lingüística y la semántica a mediados de los 70, se hizo hincapié en los aspectos lingüísticos de la fonología. Se introduce el método de análisis de procesos fonológicos por primera vez con el lingüista David Ingram en su libro discapacidad fonológica en niños.

 

En 1971, Elizabeth Carrow publica la prueba de comprensión auditiva del lenguaje para medir la comprensión de los niños en la  información léxica, morfológica y sintáctica. Con el influyente texto publicado por Van Riper, “Corrección del habla: principios y métodos” (1972), se estableció el lenguaje como un sistema estructurado, con sus propias reglas y sus niveles (Duchan, 2011). En los tratamientos del lenguaje desde planteamientos lingüísticos, siguió predominando el paradigma conductista, pues se usaban programas sistemáticos de modificación del comportamiento, con el uso de la imitación y de reforzadores positivos. No obstante, también aparecieron en algunos casos propuestas más orientadas al cognitivismo, sobre todo aquellas que se centraban en los aspectos semánticos del lenguaje.

 

LA REVOLUCIÓN PRAGMÁTICA (1975-2000)

 

Duchan (2011) considera la revolución pragmática como el periodo más reciente de la Fonoaudiología, aunque podríamos considerar que en las últimas décadas se han dado influencias de paradigmas ecológicos en las prácticas de rehabilitación del habla, el lenguaje y la audición.

 

En 1975  comenzó a cambiar el énfasis de la definición de lenguaje en cuanto a la forma (sintaxis y fonología) y contenido (semántica), para definir el lenguaje en términos de su uso. Este cambio se originó en la teoría de los actos de habla, propuesta por primera vez por el filósofo John Austin en 1962, y después de él, por John Searle en 1969. La teoría hizo hincapié en el aspecto instrumental de la comunicación, lo que Louis Bloom y Margaret Lahey llamaron "uso de la lengua".

 

Durante este periodo se analiza la importancia de aprender a participar activamente en los intercambios conversacionales, para dominar a su vez la toma de habilidades e igualmente  saber iniciar y mantener temas de conversación.

 

A partir de 1980, se investiga sobre los modos de organización del discurso. En un primer momento la atención se centró en las relaciones lingüísticas entre pares adyacentes de una conversación. Más tarde, los mecanismos de cohesión identificados por Halliday y Hassan fueron incorporados a la investigación y a la clínica.

 

Al igual que para el enfoque de los actos de habla, la conversación se torna importante cuando se aprecia el rol de los interlocutores, permitiendo un nuevo enfoque social o de interacción social para la evaluación y la intervención que trajo consigo una nueva terminología académica y el surgimiento de un nuevo tipo de práctica clínica, que tiene que ver con las preocupaciones pragmáticas tales como la cantidad y calidad de mensajes que se utilizan y cómo encajan estos en los contextos situacionales y culturales de la comunicación en la vida cotidiana. Las nuevas terapias se desarrollaron de acuerdo con la noción de comunicación en su contexto, permitiendo que los servicios clínicos fueran llevados a las aulas, a los hogares y a la comunidad.

 

La unidad de análisis durante la revolución pragmática ya no es el fonema o la palabra, corresponde a las intervenciones de los usuarios en el marco de las conversaciones espontáneas. Los roles de los interlocutores, más allá de los aspectos de la situación o el intercambio lingüístico, se empezaron a relacionar con aspectos más socioculturales y con los otros componentes del lenguaje: los no verbales como los gestos, los movimientos, las posturas, la distancia, la prosodia, etc. Estos cambios reorientaron las prácticas clínicas de intervención, pues al considerar el lenguaje en uso, también había que centrarse en los interlocutores y contextos naturales, en los propósitos y funcionalidades de la comunicación y trascender el espacio del consultorio fonoaudiológico como mecanismo de atención.

 

Gutiérrez (1997) considera que la mayoría de los enfoques de evaluación e intervención actuales se siguen basando en los planteamientos del siglo XX, aunque podríamos considerar que los avances tecnológicos de las dos últimas décadas (1990 -2000, 2000 – 2010) han generado cambios significativos en la acción del fonoaudiólogo, teniendo en cuenta que las formas de comunicación interpersonal se han transformado con las TIC. 

 

CONCLUSIONES

 

A partir de la revisión de este periodo, podríamos considerar que las teorías generadas en otras disciplinas como la Psicología, la Biología y la Lingüística, tuvieron importantes repercusiones en la práctica fonoaudiológica. Los planteamientos de la Psicología de la Gestalt contribuyeron con una visión más integral del proceso terapéutico. La biología empezó sus aportes con los estudiosos del cerebro y sus funciones, abarcando las estructuras anatómicas de este, con autores como  Joseph Collins y Charles Karsner Mill, quienes se basaron en las conexiones neuronales para explicar las discapacidades del habla y del lenguaje. Los cambios de unidades de análisis en la Lingüística también revolucionaron la práctica fonoaudiológica, hubo un énfasis inicial en los fonemas (enfoque atomista- periférico), luego en la palabra (enfoque conceptual-lingüístico y periodo del procesamiento de información), en la oración (era lingüística) y luego en los aspectos del uso del lenguaje (revolución pragmática).

 

Vemos que la disciplina fonoaudiológica logró una consolidación en este periodo y que, aunque retomó planteamientos de otras áreas, también construyó modelos propios. Podemos resaltar que uno de los mayores problemas se ha dado en relación con las brechas entre los aspectos teóricos y las prácticas profesionales, pues han sido muchos los avances respecto a la concepción de la discapacidad, la inclusión de factores contextuales e interactivos, pero no ha sido clara su aplicación.

Podemos considerar que en las últimas décadas se ha dado el predominio de otros paradigmas, entre los que queremos resaltar el paradigma ecológico (Gómez, 2003) y el modelo social (OMS, 2001) en los que se concibe que la discapacidad es intrínseca al sujeto, sino que se gesta a partir de la relación entre sus características corporales y los factores contextuales. En estos paradigmas se plantea que no se ve exclusivamente al sujeto como el  causante de la enfermedad sino que hay una evidente imbricación entre sujeto-enfermedad-contexto, este último a su vez puede ser una herramienta significativa en el proceso de rehabilitación, porque permite proporcionar los facilitadores adecuados para mejorar las situaciones o condiciones que alteren la salud del sujeto.

 

La Fonoaudiología, al igual que muchas otras disciplinas, tuvo un desarrollo a través de la historia; identificado por los múltiples aportes de diferentes autores, pero el caso particular de esta disciplina fue la dispersión interdisciplinaria que tenía combinada, porque se fue consolidando con grandes contribuciones  de la psicología, la pedagogía, las ciencias médicas y la lingüística. La revolución científica permitió analizar las patologías del habla y del lenguaje desde una perspectiva biológica, una pregunta en este sentido es ¿por qué no se analizó desde un principio de la formación fonoaudiológica el contexto en el que se desenvolvía el individuo? Tal vez habrá muchas formas de explicar que con el desarrollo de la ciencia en el siglo XIX y los avances tecnológicos, se pensaba más en la enfermedad del individuo (o trastorno del habla y del lenguaje) que en el entorno donde la enfermedad se desarrollaba y que podía ser el que propiciara que se atenuara o complicara la alteración.

 

REFERENCIAS

 

Duchan, J. Getting Here: A short history of Speech Pathology in America Overview. 2011. Recuperado de:           http://www.acsu.buffalo.edu/~duchan/new_history/overview.html

 

Gutiérrez, I. Historia de la logopedia. Madrid: Narcea, 1997.

 

Hernández, G. Paradigmas en Psicología de la Educación. Buenos Aires: Paidós, 1998.

 

OMS. Clasificación Internacional del Funcionamiento, de la Discapacidad y de la Salud. Ginebra. 2001.

http://www.aspace.org/aspacenet/images/doc/cif_2001.pdf

 

Citar este documento como: Cifuentes, I., Lasso, C. & López, J. Historia de la Fonoaudiología en el siglo XX. Documento de trabajo. Asignatura Fundamentos Fonoaudiológicos. Programa Académico de Fonoaudiología de la Universidad del Valle. Cali: periodo febrero - julio de 2012. 

 

HISTORIA EN EL SIGLO XX
HISTORIA EN EL SIGLO XX.pdf
Documento Adobe Acrobat 87.0 KB